miércoles, 24 de junio de 2009

"En Vélez me trataron mal y acá bien"

En Vélez se crió. Estudió. Debutó. Jugó. Metió goles. Conoció a su suegro y, lógico, a su mujer. En Huracán, sin conjugar tantos verbos, ya quedó a medio paso de su cenit. Es Eduardo Domínguez el actor de esta película enredada, cruzada por su propia historia y predestinada para que el final -la final- se filme en el lugar donde empezó todo. "Es raro, allá pasé un montón de cosas, era mi vida. Llegué a los 9 años y me fui a los 23".-¿Y regresar ahora a los 30 es difícil?-Es una final, ¿no?-Pero se supone que para vos tiene algo especial.-Seguro, porque estamos cerca de algo que puede ser muy importante.-A ver, entre otras cosas te vas a enfrentar con la familia Bianchi, ¿no?-Para nada. Brenda es de Boca. Pero cuando juego yo, es hincha de Domínguez. Incluso gritó el gol que hice este año en la Bombonera. Ahora va a estar del lado de Huracán.-O sea que vas a ser bien tratado en Liniers.-No, allá me tratan mal.-¿Por qué?-No sé. Con mi hermano fueron muy ingratos. Lo echaron, lo vendieron por u$s 1.000.000 y después lo putearon. Y a mí me la siguieron simplemente por portación de apellido.-¿Por eso te fuiste?-No, me fui porque no me tenía en cuenta un técnico. Además, a Vélez nunca quise volver, me trataron mal. Y acá, bien. Por eso estoy de nuevo en Huracán.-¿Entonces ésta puede ser tu revancha?-¿Vos no quisieras ganar un título? Bueno, yo quiero dar la vuelta, me da lo mismo que sea contra Vélez, All Boys o el que fuera.Eduardo lo dice todo con seguridad, firmeza. Y no busca venganza con el club que esencialmente le abrió el camino del fútbol: disputó 113 partidos en Primera y vivió como juvenil el título del Clausura 98. Hoy luce con orgullo ese escudito que lleva en la parte superior izquierda de su camperón. Es un abrigo que le queda más que cómodo. Ni siquiera atina a tiritar en la tarde polar que se registra en la gélida Quemita. A esta altura del año podría estar transpirando el verano de Estados Unidos, jugando al soccer, visitando Beverly Hills o comiendo palomitas de maíz. Pero el hombre eligió lo que tiene: un vestuario con menos glamour que su ex compañero David Beckham, un técnico con la misma filosofía que Ruud Gulit y un equipo que está preparado para quedar en la historia. "Me siento feliz por la decisión que tomé al venir", cuenta quien fue el primer refuerzo del año que le llegó a Cappa.

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