Jugando mal, Racing se llevó un punto de Santa Fe que sirve para escaparle por una fecha más a la promoción (Rosario ya había perdido y la ventaja ahora es de cuatro unidades). El equipo de Caruso no ofreció nada al espectáculo en la primera etapa aunque en la segunda levantó su vuelo al modificar la estrategia y jugar de contragolpe. Sin embargo, y a pesar de esta mejoría, no hay que tomar como positiva la idea de atacar sólo con un delantero, como lo planteó la Academia al retirarse Lugüercio e ingresar Mercado.
Qué contradictorias resultan ser a veces las declaraciones de los protagonistas. La mayoría de los partidos en los que el Racing de Caruso no pudo sumar de a tres a pesar de jugar bien, el cassette dominó luego del encuentro entre los jugadores que expresaban que «jugando así van a ser más los partidos que ganemos que los que perdamos». Buenísimo, frase válida. Pero, ¿qué pasa cuando se logra sumar con un planteo ultradefensivo y amarrete? ¿También así se van a conseguir más triunfos que derrotas?
Si bien Racing contaba con los regresos de Sosa, Shaffer y Lugüercio, cuyas ausencias frente a San Martín fueron muy notorias, el equipo jugó un primer tiempo a fuego lento. No había chispas. No había quién tome la pelota. No había un receptor constante como estaba acostumbrado a percibir cada futbolista que poseía el balón. No había desmarque. No había toque. Por lo tanto, no se generaban situaciones de gol más que un remate de media distancia de Shaffer.
Para condimentar el mal partido que estaba llevando a cabo el equipo, los jugadores que volvían a ser de la partida -entiéndase por Shaffer, Sosa y Lugüercio- no sobresalían del resto. El ex Gimnasia de Jujuy fue bien amonestado a los 4 minutos por una dura entrada sobre Bertoglio. Esto lo condicionó para los 86 minutos reglamentarios que restaban debido a que Mohamed colocó al rápido Mena por su costado para buscarle al tucumano la segunda tarjeta amarilla.
El zurdo Shaffer realizó una correcta parte suplementaria pero en el complemento hizo todo lo posible para que lo expulsaran. Ya amonestado, tiró la pelota lejos en dos ocasiones cuando el árbitro ya había cortado el juego por una sanción. Además, le sumó un manotazo en la cara de Sciorilli que observó el línea, se lo comunicó a Lunati y este le mostró la consecuente roja al lateral.
Por último, Pablo Lugüercio no pudo ganarle el duelo a los férreos defensores de Colón que lo presionaron y atosigaron en todo momento. Por eso el Payaso nunca podía tomar contacto con el balón limpiamente y sin tener un hombre a sus espaldas. Al advertir esto, el número 7 se retrasó unos metros pero fue siempre perseguido por Ferrero o por Goux. En el segundo tiempo fue sustituido por Gabriel Mercado.
Precisamente aquí, a los 10 minutos, cuando se produce la extraña variante, Racing cambió el juego. La defensa se mantuvo intacta ya que Mercado se colocó como volante por derecha, Lluy fue por izquierda y Lucero se soltó a la posición de enlace, siendo Ramírez la única referencia en ofensiva. Quedaban 35 minutos por delante y se preveía puro sufrimiento para el hincha y plena lucha para los jugadores en la búsqueda del punto, que a esa altura era todo un negocio.
No obstante, al pararse definidamente de contraataque, la Academia tuvo peligrosas ocasiones de gol para ponerse en ventaja. Siempre se produjeron con el elenco local volcado en la faz ofensiva y con pocos hombres de marca. Zuculini sacudió el palo con un derechazo y Ramírez (Rubén) sacó dos cabezazos tremendos que más de uno se anticipó y festejó erradamente. Es cierto que también lo tuvo Colón con un remate de Alfredo Ramírez desde lejos que dio en el travesaño.
En conclusión, en los 35 minutos que Racing jugó tirado atrás y con un solo delantero se generaron tres situaciones de gol claras. Sin embargo, la pelota fue siempre dominada por hombres sabaleros y esto fundaba incertidumbre ante cada balón que merodeaba en cercanías de Migliore. El sufrimiento hasta el minuto 48 se hizo presente una vez más en el corazón y en la piel del fiel seguidor académico, que finalmente pudo festejar la unidad conseguida una vez que Lunati sentenció el cese de las acciones.
Qué contradictorias resultan ser a veces las declaraciones de los protagonistas. La mayoría de los partidos en los que el Racing de Caruso no pudo sumar de a tres a pesar de jugar bien, el cassette dominó luego del encuentro entre los jugadores que expresaban que «jugando así van a ser más los partidos que ganemos que los que perdamos». Buenísimo, frase válida. Pero, ¿qué pasa cuando se logra sumar con un planteo ultradefensivo y amarrete? ¿También así se van a conseguir más triunfos que derrotas?
Si bien Racing contaba con los regresos de Sosa, Shaffer y Lugüercio, cuyas ausencias frente a San Martín fueron muy notorias, el equipo jugó un primer tiempo a fuego lento. No había chispas. No había quién tome la pelota. No había un receptor constante como estaba acostumbrado a percibir cada futbolista que poseía el balón. No había desmarque. No había toque. Por lo tanto, no se generaban situaciones de gol más que un remate de media distancia de Shaffer.
Para condimentar el mal partido que estaba llevando a cabo el equipo, los jugadores que volvían a ser de la partida -entiéndase por Shaffer, Sosa y Lugüercio- no sobresalían del resto. El ex Gimnasia de Jujuy fue bien amonestado a los 4 minutos por una dura entrada sobre Bertoglio. Esto lo condicionó para los 86 minutos reglamentarios que restaban debido a que Mohamed colocó al rápido Mena por su costado para buscarle al tucumano la segunda tarjeta amarilla.
El zurdo Shaffer realizó una correcta parte suplementaria pero en el complemento hizo todo lo posible para que lo expulsaran. Ya amonestado, tiró la pelota lejos en dos ocasiones cuando el árbitro ya había cortado el juego por una sanción. Además, le sumó un manotazo en la cara de Sciorilli que observó el línea, se lo comunicó a Lunati y este le mostró la consecuente roja al lateral.
Por último, Pablo Lugüercio no pudo ganarle el duelo a los férreos defensores de Colón que lo presionaron y atosigaron en todo momento. Por eso el Payaso nunca podía tomar contacto con el balón limpiamente y sin tener un hombre a sus espaldas. Al advertir esto, el número 7 se retrasó unos metros pero fue siempre perseguido por Ferrero o por Goux. En el segundo tiempo fue sustituido por Gabriel Mercado.
Precisamente aquí, a los 10 minutos, cuando se produce la extraña variante, Racing cambió el juego. La defensa se mantuvo intacta ya que Mercado se colocó como volante por derecha, Lluy fue por izquierda y Lucero se soltó a la posición de enlace, siendo Ramírez la única referencia en ofensiva. Quedaban 35 minutos por delante y se preveía puro sufrimiento para el hincha y plena lucha para los jugadores en la búsqueda del punto, que a esa altura era todo un negocio.
No obstante, al pararse definidamente de contraataque, la Academia tuvo peligrosas ocasiones de gol para ponerse en ventaja. Siempre se produjeron con el elenco local volcado en la faz ofensiva y con pocos hombres de marca. Zuculini sacudió el palo con un derechazo y Ramírez (Rubén) sacó dos cabezazos tremendos que más de uno se anticipó y festejó erradamente. Es cierto que también lo tuvo Colón con un remate de Alfredo Ramírez desde lejos que dio en el travesaño.
En conclusión, en los 35 minutos que Racing jugó tirado atrás y con un solo delantero se generaron tres situaciones de gol claras. Sin embargo, la pelota fue siempre dominada por hombres sabaleros y esto fundaba incertidumbre ante cada balón que merodeaba en cercanías de Migliore. El sufrimiento hasta el minuto 48 se hizo presente una vez más en el corazón y en la piel del fiel seguidor académico, que finalmente pudo festejar la unidad conseguida una vez que Lunati sentenció el cese de las acciones.
Maximiliano Értola

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