En la última práctica de la semana ensayó con Leandro González en lugar de Lucero, habitual titular en todos los partidos. Pero no sólo modificó apellido por apellido sino que fue Wagner quien ocupó el carril izquierdo conformando una mitad de cancha con tres hombres, completando Yacob en el círculo central y Zuculini por derecha. La función de González dentro del campo era incierta. Su posición fue la de un enlace aunque en el segundo tiempo se retrasó para tomar a Ahumada.
Desde su asunción al mando de Racing, Caruso Lombardi sorprende. Primero lo hizo al innovar posiciones como la de Sosa como volante, Mercado de cuatro y Peppino de doble cinco. Luego tomó otras decisiones como incluir a Migliore en lugar de Campagnuolo y a Chatruc desde el arranque.
Ayer, frente a River, se observó una nueva variante táctica. Dejó el rígido 4-4-2 de lado para formar un rombo en la mitad de cancha. Zuculini, que jugó su primer partido del año en el Clausura, fue salida por derecha teniendo a su izquierda a Claudio Yacob y en el otro extremo al Polaco Wagner. Un mediocampo con tres habituales volantes centrales, lo que hacía recordar a la última etapa Mostaza Merlo, en la cual Torres, Bastía y Sánchez jugaban detrás de Peralta, Bergessio y Sava.
Leandro González debía ponerse el traje de conductor y hacer circular el balón para los Pablo -léase por Lugüercio y Caballero-. El ex Olimpo ha cumplido diversas posiciones desde su desembarco en Avellaneda. Originariamente fue volante por derecha. También supo ser segundo delantero y carrilero por izquierda. Algunos entrenadores, como Claudio Borghi, piensan que un jugador polifuncional juega mal en todos lados. Lo cierto es que González fue el creador del equipo desde el vamos.
En el primer tiempo funcionó de buena manera el esquema Caruso. La idea de colocar hombres con escasas ideas en ataque por los costados tenía un doble mensaje. El primero era contener las subidas del tándem Augusto Fernández-Ferrari por derecha y de Archubi-Abelairas por izquierda. La segunda lectura era la permanente ida al campo contrario de los propios laterales, tanto Shaffer como el debutante Lluy. Obedeciendo a sus dotes naturales de verdaderos marcadores de punta, el concepto de ataque se basaría en los amplios recorridos de sendos escurridizos jugadores.
Toda esta idea efectivamente sacó un aprobado en el suplemento. Siempre es difícil llevar a la práctica lo planificado con antelación pero en este caso los dirigidos por CL lo cumplieron. El primer objetivo de tapar las escaladas de Ferrari fue consumado. Tampoco A. Fernández gravitó en los minutos que estuvo en cancha. Por izquierda Archubi no cruzó la línea media y Abelairas se cerraba para juntarse con Ahumada.
Faltaba entonces la segunda parte del plan: el ataque. El rubio Wagner no se estancó en la raya de cal sino que se movía cerca de Yacob cuando el equipo tenía el balón. Esto permitía a Shaffer tener pista libre por todo el andanivel izquierdo para poder enfrentar cara a cara a su marcador y poder llegar hasta el fondo. En la línea paralela sucedía lo mismo. Zuculini ensayó diagonales que despertaron en Lluy varias subidas. Así Racing enhebraba situaciones de peligro.
Faltaba sólo un eslabón para que todo funcionase a la perfección. Este era poco contacto con la pelota que tenía González. En sus pocas intervenciones trató de brindarle al equipo verticalidad, pero sus compañeros de movían en diferente sentido ya que trasladaban la pelota de un lado al otro yendo lentamente hacia delante. Por eso es que Leandro no estaba en la misma sintonía que los demás y su función debía ser ocupada por otro jugador. Sin embargo, y a pesar de demorar algunos minutos en darse cuenta, el número 20 suplió la falta de fútbol con entrega física. Tomó permanentemente a Ahumada para que este no pudiera ser eje de la salida de River. Corrió en reiteradas ocasiones a los rivales retrocediendo en posición defensiva. En consecuencia, al ser reemplazado en la segunda etapa, fueron aplausos, aunque tibios, los que bajaron desde las tribunas del colmado Cilindro.
La segunda etapa fue notoriamente diferente a la inicial. El dibujo táctico era ya el viejo 4-4-2 debido a que Wagner y Zuculini se recostaron por ambas bandas y Yacob veía más de cerca a Leandro González. Posteriormente los cambios acentuaron más este planteo para resistir la victoria, que se había conseguido mediante el gol de Lugüercio, y por eso Racing desapareció en ataque.
Demostrado quedó con este partido que Caruso analiza y mucho al rival. No sólo este estudio se basa en cómo neutralizarlo sino también se fija en los caminos que se pueden generar para llegar al arco contrario y así clavar la espina letal.
Desde su asunción al mando de Racing, Caruso Lombardi sorprende. Primero lo hizo al innovar posiciones como la de Sosa como volante, Mercado de cuatro y Peppino de doble cinco. Luego tomó otras decisiones como incluir a Migliore en lugar de Campagnuolo y a Chatruc desde el arranque.
Ayer, frente a River, se observó una nueva variante táctica. Dejó el rígido 4-4-2 de lado para formar un rombo en la mitad de cancha. Zuculini, que jugó su primer partido del año en el Clausura, fue salida por derecha teniendo a su izquierda a Claudio Yacob y en el otro extremo al Polaco Wagner. Un mediocampo con tres habituales volantes centrales, lo que hacía recordar a la última etapa Mostaza Merlo, en la cual Torres, Bastía y Sánchez jugaban detrás de Peralta, Bergessio y Sava.
Leandro González debía ponerse el traje de conductor y hacer circular el balón para los Pablo -léase por Lugüercio y Caballero-. El ex Olimpo ha cumplido diversas posiciones desde su desembarco en Avellaneda. Originariamente fue volante por derecha. También supo ser segundo delantero y carrilero por izquierda. Algunos entrenadores, como Claudio Borghi, piensan que un jugador polifuncional juega mal en todos lados. Lo cierto es que González fue el creador del equipo desde el vamos.
En el primer tiempo funcionó de buena manera el esquema Caruso. La idea de colocar hombres con escasas ideas en ataque por los costados tenía un doble mensaje. El primero era contener las subidas del tándem Augusto Fernández-Ferrari por derecha y de Archubi-Abelairas por izquierda. La segunda lectura era la permanente ida al campo contrario de los propios laterales, tanto Shaffer como el debutante Lluy. Obedeciendo a sus dotes naturales de verdaderos marcadores de punta, el concepto de ataque se basaría en los amplios recorridos de sendos escurridizos jugadores.
Toda esta idea efectivamente sacó un aprobado en el suplemento. Siempre es difícil llevar a la práctica lo planificado con antelación pero en este caso los dirigidos por CL lo cumplieron. El primer objetivo de tapar las escaladas de Ferrari fue consumado. Tampoco A. Fernández gravitó en los minutos que estuvo en cancha. Por izquierda Archubi no cruzó la línea media y Abelairas se cerraba para juntarse con Ahumada.
Faltaba entonces la segunda parte del plan: el ataque. El rubio Wagner no se estancó en la raya de cal sino que se movía cerca de Yacob cuando el equipo tenía el balón. Esto permitía a Shaffer tener pista libre por todo el andanivel izquierdo para poder enfrentar cara a cara a su marcador y poder llegar hasta el fondo. En la línea paralela sucedía lo mismo. Zuculini ensayó diagonales que despertaron en Lluy varias subidas. Así Racing enhebraba situaciones de peligro.
Faltaba sólo un eslabón para que todo funcionase a la perfección. Este era poco contacto con la pelota que tenía González. En sus pocas intervenciones trató de brindarle al equipo verticalidad, pero sus compañeros de movían en diferente sentido ya que trasladaban la pelota de un lado al otro yendo lentamente hacia delante. Por eso es que Leandro no estaba en la misma sintonía que los demás y su función debía ser ocupada por otro jugador. Sin embargo, y a pesar de demorar algunos minutos en darse cuenta, el número 20 suplió la falta de fútbol con entrega física. Tomó permanentemente a Ahumada para que este no pudiera ser eje de la salida de River. Corrió en reiteradas ocasiones a los rivales retrocediendo en posición defensiva. En consecuencia, al ser reemplazado en la segunda etapa, fueron aplausos, aunque tibios, los que bajaron desde las tribunas del colmado Cilindro.
La segunda etapa fue notoriamente diferente a la inicial. El dibujo táctico era ya el viejo 4-4-2 debido a que Wagner y Zuculini se recostaron por ambas bandas y Yacob veía más de cerca a Leandro González. Posteriormente los cambios acentuaron más este planteo para resistir la victoria, que se había conseguido mediante el gol de Lugüercio, y por eso Racing desapareció en ataque.
Demostrado quedó con este partido que Caruso analiza y mucho al rival. No sólo este estudio se basa en cómo neutralizarlo sino también se fija en los caminos que se pueden generar para llegar al arco contrario y así clavar la espina letal.
Maximiliano Értola

No hay comentarios:
Publicar un comentario