Después de la gran polémica que todavía deja huellas entre Maradona y Riquelme, la discusión nos muestra otro de sus puntos y quizás el más importante, ¿es todavía viable jugar con enganche en un Campeonato del Mundo?.Es indudable que cada Mundial deja mucha tela para cortar, pero uno de los puntos más interesantes es como suelen marcarse las diferentes formas de posicionarse que tuvieron los equipos en su participación. Un claro ejemplo de esto se dio después del ultimo titulo de la Selección Argentina cuando tras el Mundial de México tanto Italia como Alemania comenzaron a utilizar el mismo dispositivo táctico que el Seleccionado comandado por Carlos Salvador Bilardo. Los resultados porsupuesto que fueron óptimos ya que en el siguiente Mundial jugado en Italia en 1990, Alemania, Argentina e Italia ocuparon las tres primeras posiciones.Dejando de lado la historia y volviendo a la actualidad podemos observar que en la ultima Copa del Mundo, Italia, el Campeón jugó con 4 defensores clásicos (Zambrotta, Cannavaro, Materazzi y Grosso); 4 mediocampistas de los cuales 2 fueron por las bandas, pero uno con una misión mas defensiva (Perrota) y otro con la función de tener mucha mas llegada en el campo contrario (Camoranesi) y un doble cinco bien marcado con uno de marca (Gattuso) y uno de juego (Pirlo); porsupuesto en la delantera un solo punta (Luca Toni) acompañado por un media punta (Totti). Esa disposición dispuesta por Marcello Lippi, el 4-4-1-1, también fue utilizada de similar manera por Francia y por Alemania y quizás por cuestión de la lógica o por una extraña casualidad ellos ocuparon el podio del ultimo Mundial.Claro esta que en el fútbol desde su invención se ha ganado jugando de todas las maneras posibles, pero el famoso "enganche" que en Argentina parece tan necesario no es utilizado por ninguna de las potencias europeas y si Maradona desea usarlo en su Selección mas allá de contar o no con Juan Roman Riquelme debe tener bien cerca suyo un plan "B", algo que falto tanto en el ciclo de Nestor Pekerman como en el de Alfio Basile.
Por Daniel Mazza.

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