sábado, 14 de febrero de 2009

La marcha de la bronca

Más allá del pésimo horario que le tocó a Racing jugar de local (viernes 19 horas), y de haber perdido en el amanecer de la competencia, muchísima gente se hizo presente en el Cilindro de Avellaneda para presenciar el encuentro ante el Globo. Se comenzó a puro festejo, potenciado luego del gol de Martínez, pero tras los cuatro gritos visitantes comenzaron los inevitables murmullos. En el complemento el público demostró el por qué de tantos elogios a la hinchada y cantó sin parar. Más cerca del final del partido, y ante la evidente falta de reacción de los jugadores, comenzaron a llover los silbidos e insultos.
Una nueva ilusión afloraba para acercarse al Presidente Perón a pesar del horario laboral. La motivación de ver a la Acadé ya es una excusa válida para abandonar cualquier otra tarea en el día. Más aún esto se multiplicaba con los estrenos de Castromán y de Ramírez, el tan anhelado delantero pedido por Llop. Y todo esto se producía dejando un poco de lado que en el debut del Clausura se había perdido ante Lanús.
Aproximadamente unas 28 mil almas académicas esperaban el inicio del cotejo a cargo de Gustavo Bassi, que esta vez nada tuvo que ver con el resultado. El partido empezó y a los diez minutos el Chaco Martínez hizo delirar a la gente con un frentazo que venció la resistencia de Monzón. Explosión en las tribunas.
Pero entre los 15 y los 36 minutos de juego, todo se desvaneció. Entre De Federico, Pastore y Nieto se encargaron de arruinar la tarde noche y de enloquecer a la pobre línea de fondo. Racing perdía, inexplicablemente, 4 a 1 en su casa frente a un tibio conjunto. Por ende, los murmullos desde las gradas comenzaron a inundar el hermoso verde césped.
Varios se la agarraron con Franco Sosa. Por allí Huracán desbordaba sin compasión y llegaba al gol de manera infantil. Pero lo que la gente no tenía en cuenta era que Castromán no cumplía su función de carrilero y dejaba al tucumano siempre en desventaja numérica. Otro dato no menor es que el ex Gimnasia de Jujuy es habitual marcador central y siempre trabajó como líbero en defensa de tres, más allá que en Racing actúe como marcador de punta.
El fatídico primer tiempo concluyó y la gente despidió al equipo con indiferencia. No se escuchaban aplausos pero tampoco reprobaciones. Tal vez se estaba a la espera de una heroica remontada, algo llamado a ser una proeza, pero que era factible.
Entonces se iniciaron los segundos cuarenta y cinco minutos con un pueblo académico desplegando una fiesta en el sector popular. Saltos y cantitos acompañaban el humo celeste y blanco. Pero dentro del rectángulo de la verdad nada sucedía. Yacob tomaba el balón, miraba para un lado, miraba para el otro y no encontraba receptor posible. Eso a la gente la desesperó. La falta de reacción del equipo hizo que faltando diez minutos las estrofas entonadas pasaran a ser poco amistosas. Es cierto que la totalidad del estadio no era la que insultaba, pero sí la mayoría reprobaba con silbidos.
Las primeras canciones apuntaban y señalaban las pocas ganas mostradas por los que llevaban la gloriosa camiseta en la cancha. El único que salvó la ropa fue Lugüercio, querido por el empeño mostrado fecha tras fecha. El resto fue todo a la misma bolsa.
Tras el intento fallido de despertar el amor propio de los jugadores, las coplas estuvieron apuntadas a lo que viene, a lo que depara a este equipo, es decir, el clásico ante Independiente. «El domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar», fue la más escuchada a pesar que hubo otra más ofensiva hacia los protagonistas.
Lo que tampoco puede pasar inadvertido fue el final. Cuando el hombre encargado de impartir justicia hizo sonar su silbato indicando el fin de las acciones, la silbatina fue estruendosa. Algo más fuerte fue cuando los futbolistas levantaron sus brazos en el círculo central despidiendo a la gente.
En la salida de jugadores y cuerpo técnico del vestuario, cerca de 80 hinchas insultaron a más no poder tanto al técnico como a los integrantes del plantel. La frase más escuchada fue: «si quieren echar a Llop no manden a Racing al descenso». Este pensamiento es común en varios seguidores académicos, una verdadera señal alarmante.

Maximiliano Értola

No hay comentarios: