Racing cayó derrotado ante Independiente por la primera fecha del Pentagonal de grandes por 4 a 0. La goleada tuvo como protagonistas en la red a Fredes, P. Rodríguez y Gandín, en dos ocasiones. En los de Llop, donde Chatruc fue expulsado, no se observó ningún signo de fútbol. Si no llega Moralez…
La expectativa era pura y exclusivamente celeste y blanca. El envión anímico de recobrar el camino para ser un club hecho y derecho generó en los hinchas de la Acadé un gustito especial para este 2009. La esperanza del nuevo regreso de Maxi Moralez a la entidad más alguna incorporación de jerarquía como la de Ramírez o Pavone inculcaba en el fervoroso fanático académico un plus de entusiasmo a la hora de prender el televisor o encaminarse hacia el estadio.
Esto se potenció aún más sabiendo que el primer duelo del año era nada más ni nada menos que el clásico de Avellaneda trasladado a la costa argentina. Dato no menor tampoco era que el Chocho ponía en cancha todo lo disponible a mano mientras que enfrente el equipo se integraba de juveniles, suplentes y Mareque. Todo aducía estar dado para que el espectáculo sea favorable a la institución más añeja.
Brazenas pitó y arrancó el fútbol. Con el clásico esquema de Llop, 4-4-2, Racing trataba de cortar al Rojo en el medio sector y rápidamente ceder la pelota a Lugüercio, ¿para qué? Para ver si éste podía evitar los cuatro o cinco obstáculos de camiseta colorada y así poder llegar al arco de Gabbarini.
A los 17, un centro fortísimo cayó al área de Independiente que el propio Payaso conectó de muy buena manera de cabeza. El balón fue asegurado por el arquero de 23 años transmitiendo tranquilidad a sus compañeros a pesar de haber pasado por la situación más peligrosa en lo que iba del cotejo.
Sin embargo, en respuesta a esto cayó el primer grito de gol. Centro pasado de Higuaín, que Migliore no supo si salir o resguardarse, y cabezazo de Fredes para poner a los Diablos 1 a 0 arriba. No era más Independiente que Racing en el juego pero como suele suceder, el marcador contradecía la realidad.
El Ratón Pérez trataba de hacer circular el esférico y de hacerse cargo del mismo pero siempre recorriendo el círculo central y nunca llegando a ¾, con lo cual a Vittor le bastaba con hacerle sombra. Lucero, al no estar Moralez, se sentía perdido en el terreno de juego y se lo veía tanto por izquierda como por derecha en una posición extraña para él y por eso vagabundeaba por la verde gramilla.
Luego del gol ingresó Chatruc por el lesionado Prichoda (se fracturó el quinto metatarsiano del pie izquierdo). El Pepe se mostró activo pidiendo la pelota y desmarcándose de manera constante por su carril derecho. Lograba también llegar al fondo pero fallaba a la hora de culminar la jugada y por eso no trascendía.
Caballero, desde el piso y tras un error de Mareque, pudo haber puesto el empate pero la caprichosa dio en el poste. Más que eso el lungo delantero no realizó. Se terminaba una primera etapa en la que Independiente no fue más que su rival pero había convertido. Eso le daba tranquilidad para el segundo tiempo ya que Racing carece de dos cosas: de gol y de dar vuelta resultados.
Saltó al campo JL Fernández por el chico Pérez, de regular debut. El zurdito aportó movilidad a la pobrísima ofensiva académica. Trató de poner la redonda al piso y hacer jugar a sus compañeros, función que llevaba a cabo el entrañable Frasquito Moralez.
No obstante, en diez minutos tres cachetazos liquidaron el espíritu del hincha celeste y blanco. El primero fue a los 22 como consecuencia de una magra respuesta de la defensa y una peor acción del arquero Migliore que permitieron a Patito Rodríguez, con siete minutos en cancha, dar el segundo pase a la red del partido. A los 27 una triangulación entre Ríos, Rodríguez y Gandín le permitió al ex Colón definir al primer palo para cambiar la carátula del encuentro a goleada. Cinco minutos luego del tercer tanto, otra vez el Chipi fue el encargado de anotar. En este caso fue un débil remate que el de guantes corrió su rostro pasándole la pelota suavemente por debajo de sus piernas.
Llop movió las piezas, aunque esta modificación fue siempre puesto por puesto y nunca táctica. Sin embargo, nada cambió. Ni siquiera alcanzó para el grito del honor. Para ese pequeño desahogo ante semejante diferencia en el resultado.
Que pudo haber sido peor no cabe duda. Lo mal parado que estuvo Racing desde el primer tanto rojo, sirvió en bandeja a los suplentes de Independiente para festejar una conquista tras otra. ¿Compasión? No, ineficacia y fanfarroneo. Higuaín trató, tras seis meses de vacaciones en Avellaneda, de hacer el gol del año luego de eludir a cuatro jugadores académicos, que sólo atinaron a observar cómo el ex Chicago se acercaba al gol.
Solo restaba el silbatazo final de Gabriel Brazenas, cuya actuación fue correcta aunque pudo haber cobrado penal de Caracoche a Caballero en una acción peligrosa. A los 90 José Manuel Chatruc demostró en la cancha el clima reinante en las tribunas, la impotencia. Después de pegar tres efusivas patadas, vio la doble amarilla y la consecuente roja. Sin protestar se fue al vestuario bajo una pequeña cortina de aplausos de parte de los ocho mil fanáticos que se hicieron presentes en el José María Minella.
El Rojo aprovechó todo lo malo que hizo Racing en su última línea y la pésima noche que tuvo Pablo Migliore. Empero, en el juego no fue tal la superioridad de Independiente aunque con el resultado a favor todo equipo se relaja y deja a su rival adelantarse en la cancha para luego liquidarlo de contra. El manual de cómo jugar cuando se va ganando fue adquirido por Santoro, en cambio el libro que indica cómo elaborar jugadas de ataque no fue comprado por Llop y por eso fue una Maxi goleada con un juego Enano. Si Maximiliano Moralez no vuelve a lucir la número diez, el futuro académico será el doble de sufrido que lo cotidiano.
Maximiliano Értola
domingo, 11 de enero de 2009
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