lunes, 27 de octubre de 2008

"Moraaaalez… Moraaaalez… Moraaaalez"

Éste fue el grito generalizado del pueblo académico presente en el Cilindro de Avellaneda para vivir la victoria de dos tantos a uno frente al «Cuervo» de Boedo. La figura del encuentro, Maximiliano Moralez, fue ovacionado cuando Gonzalo García lo sustituyó faltando escasos minutos para el cese del cotejo.

Otra vez «Frasquito» lució la celeste y blanca con amor propio. Otra vez la gente observó al verdadero Maxi. Otra vez la parcialidad racinguista se deleitó con una gran actuación del ahora capitán del equipo. Otra vez el «Enano» fue de lo más grande de la cancha.

Se sabía que el partido no iba a ser para nada fácil. Es más, y como bien lo dijo el propio entrenador, para ganarle a San Lorenzo había que jugar a un alto nivel, rozando lo máximo que este once titular puede dar. Y así se jugó.

Desde el comienzo Racing se paró en campo de la visita con Zuculini, Moralez y Lugüercio como estandartes. Precisamente Maxi armó junto a Peppino la jugada de la apertura del marcador. Fue una pared que luego derivó en los pies del ex Estudiantes que tocó para el remate gol de Lucero.

Moralez ya demostraba que era diferente al resto. La posición del «Enano» desconcierta a los rivales porque los centrales no saben si salirlo a buscar o si es el cinco el encargado de tomarlo. En consecuencia, «Frasquito» retrocede unos metros para juntarse con los volantes y así generar peligro. Tanto Ledesma como el silbado «Chaco» Torres le vieron el número de la camiseta durante todo el primer tiempo. Ni Bianchi Arce ni Aguirre salieron de la cueva para marcarlo y por eso fue que Moralez jugó como Moralez.

Llegando a los 20 fue protagonista exclusivo del segundo grito de gol académico. Encaró por vez número mil a los jugadores azulgranas entrando al área mayor, zona en la cual fue víctima de infracción que Brazenas cobró como penal. Él mismo tomó la responsabilidad del ejecutar la pena máxima y la transformó en el parcial dos a cero.

Tanto él como su acompañante de ataque trataban de aguantar el esférico y esperar la llegada de los mediocampistas con los cuales tocaban y armaban las sociedades ofensivas. Moralez fue desequilibrante tanto por derecha como por izquierda. Aunque encontró su lugar en la cancha por el lado de Aguirre y Adrián González ya que también por ese sector se proyectan de forma constante Lucero y Shaffer, ambos de buen pie zurdo.

El «Chocho» Llop es el autor intelectual de esta posición de Maxi. Poniéndolo como mediapunta, Moralez arma el circuito ofensivo con jugadas individuales y colectivas. Su rapidez y habilidad con la pelota, sumado a la buena lectura que hace del juego, le permite tener a Racing una llave más que maestra para abrir cualquier cerrojo defensivo.

De local, el surgido en las inferiores está teniendo actuaciones destacadísimas. Pero cuando la «Academia» sale de casa le cuesta generar juego y en consecuencia a Moralez le llega con escasez la pelota y es menos explosivo.

Continuando de esta manera, el año que viene se deberá traer un futbolista de alta jerarquía para que no se extrañe tanto al que lleva, con excelentes condiciones, la número diez en su espalda.

Maximiliano Értola

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